Por Betiana Ripari y Claudia Helena Zito
Dos catástrofes naturales se sucedieron en el lapso de un año en Bahía Blanca. La primera protagonizada por la furia de vientos extremos, la segunda por la desmesura del agua. Freud en “El porvenir de una ilusión” decía que las fuerzas devastadoras de la naturaleza acechan y, que es la vida en común, lo que le permite a los hombres protegerse de su amenaza. Esto supone entre otras cosas, la invención de tecnologías al servicio de mitigar sus efectos. Él es taxativo al aseverar que “nunca dominaremos completamente la naturaleza”(Freud 1927). Lacan por su parte, habla de que en la naturaleza lo real es “sin ley”, es decir la contingencia no puede ser cifrada. Por lo tanto, más allá de los empeños y avances que ha tenido la ciencia en relación a los pronósticos, a la prevención de los daños, a la mayor eficacia en los diseños de contención y defensa, los hombres no han logrado aún ponerse completamente al resguardo del poder de destrucción con el que se presentan aleatoriamente estos fenómenos.
La inundación fue la consecuencia del encuentro entre un aguacero sin precedentes en la ciudad, (cayeron casi 400 ml en pocas horas) y el colapso de la infraestructura diseñada para evitar los desbordes. Este evento irrumpió de un modo inesperado en lo colectivo, afectando a cada sujeto en su particularidad. La ciudad fue devastada y esto permanecerá contenido de algún modo en sus ruinas, en sus herrumbres, en sus vestigios y en su memoria. La inundación instaló una modalidad temporal muy precisa, la urgencia. Sobre esto es fundamental hacer algunas precisiones, ya que para el discurso común se trata de la aparición de un problema que inviste mayor o menor gravedad pero que urge resolver. En cambio la urgencia en psicoanálisis implica introducir la dimensión del sujeto. Para que esto suceda, es necesario generar una pausa para que los individuos hablen, pero además es necesario que quien escucha, posibilite la subjetivación de dicha urgencia, esto es: que aparezcan las propias preguntas, las asociaciones de lo acontecido con su historia y con sus circunstancias actuales, con los dichos de otros y las propias creencias, con los miedos, con su modo de interpretar el mundo. El analista al dar lugar a la palabra y al decir, atendiendo a cómo lo dice y qué relación tiene con lo que dice, buscará localizar la ruptura, qué es lo que se rompió y que se venía sosteniendo. En las coordenadas de esa ruptura, es que ubicamos la urgencia. Entonces la intervención analítica apuntará a instaurar una pausa lógica, intentando localizar coordenadas y ubicando el punto singular que pueda restablecer el orden perdido. En definitiva el analista intenta producir un bien decir, ante lo que era imposible de decir. Y este bien decir, que es el del sujeto, estará en las antípodas de las intervenciones que apuntan a producir un “cataplasma de sentido”(Miller, De la naturaleza de los semblantes).
Subjetivar la urgencia
1-¿Centro de evacuados o centro de refugiados?
La inundación puso en evidencia varias situaciones en la cuales la exclusión y el desamparo social, constituían un denominador común. A su vez también mostró, que una catástrofe de estas características confronta al ser humano con su propia fragilidad, con el abismo del desamparo constitutivo. ¿Por qué pensamos que es importante la presencia de los analistas en los días posteriores a estos eventos? ¿hacia dónde, o hacia qué, se debe orientar la intervención? Esta es una pregunta que se sostiene y que podrá intentar responderse de manera diferente cada vez.
Los centros de evacuación, fueron un refugio para quienes habitaban por diferentes razones en la intemperie. Por lo que la inminencia del desalojo (ya que las escuelas debían acondicionarse para comenzar el ciclo lectivo), implicaba para algunos sujetos, no tener un lugar al cual volver. A partir de hacer resonar en quienes gestionaban los recursos, algunos detalles a tener en cuenta sobre cada situación particular, se acordaron plazos para aquellos que no estaban en ese momento en condiciones de prescindir de ese lugar de abrigo. El factor tiempo se introdujo entonces en sus diferentes dimensiones: un tiempo de espera cronológico, fundamental en el armado de estrategias para algunos casos, y un tiempo lógico de comprender y de concluir decisivo para otros.
2-Lo singular en lo grupal; una orientación posible
En los días posteriores a la inundación, se configuró en Cerri un espacio de taller ligado al arte y orientado a los niños. En aquel momento se observó que los adultos habían quedado presos de la urgencia por lograr subsistir y atravesar aquel tiempo de caos. Los niños por su parte, se desplazaban por distintos lugares, iban y venían sin rumbo ni intención, girando en torno a aquel esfuerzo de sus padres. La idea de los practicantes fue generar un espacio grupal en el cual, a partir de diferentes propuestas, los más chicos tuvieran la oportunidad de crear un otro lugar posible. A través de la lectura de un cuento, del dibujo, pero sobre todo de la introducción de una técnica conocida como diorama, (esto es: una especie de maqueta que permite la representación tridimensional de escenas y escenarios), los niños construyeron, armaron, modelaron y hablaron. El producto final fue la composición de una historia, de una ficción, de una mentira si se quiere, que, en tanto tal, les permitió tomar distancia de una realidad que había puesto a los adultos y a ellos, en jaque. La mentira quedó plasmada en el título elegido por ellos; “Pinocho en la villa encantada”. Esta elaboración colectiva, tomó cuerpo; se editó con formato de libro, por lo tanto, de ese tiempo de trabajo decantó un valioso producto, donde quedó expresada la letra de los niños y niñas, las imágenes de sus dibujos y de los dioramas; y permitió que pueda ser mirado y leído por otros. Lo que se destaca de esta experiencia, es que, en los sucesivos encuentros con los practicantes, los niños pusieron a jugar los modos singulares de tratamiento de eso, que había irrumpido, desbaratando el orden y la organización que hasta el momento tenían en sus vidas.
Una intervención con el equipo de un jardín de nivel inicial generó alivio en los docentes. Se nos convocó en tanto psicólogos. Se nos solicitaban “herramientas”: querían saber cómo podían anticiparse a un inicio de clase con “todos los niños en situación de emergencia”. En esa conversación se pudo ubicar que las docentes y los equipos en general, contaban con los recursos para saber hacer con los niños en el caso de que alguno de ellos lo necesitara. Allí se escuchó, que no iba de suyo que todos habrían de estar afectados por la inundación, y que si esto aparecía convendría pensarlo cada vez y con cada niño.
De la intervención grupal en el centro de jubilados de White, se pudo recortar algo que muestra cómo en estas situaciones de catástrofe, hay pérdidas en lo perdido, imposibles de recuperar. El encuentro fue con mujeres entre los 70 y 90 años, a quienes sus familiares les habían podido restituir rápidamente el mobiliario que se llevó el agua. Sin embargo, los objetos perdidos: ropa para algunas, muebles para otras, fotos o souvenirs para la mayoría, representaban algo más, y esto era una por una. Lo sorpresivo fue escuchar que varias de estas mujeres tenían golpes y magullones en el cuerpo. Al interrogar esto, coincidieron en que ya no podían recorrer en la oscuridad las diferentes habitaciones de esos hogares familiares, porque ahora sus cuerpos no los reconocían.
3-Un dispositivo fulgurante de asistencia en la urgencia:
Se creó en White un dispositivo para alojar la urgencia. Se trató de la apertura de una casa, en la que durante un mes se recibieron consultas. De esa experiencia, fueron partícipes algunos practicantes del psicoanálisis y también psicólogos. El objetivo de este espacio tuvo que ver con posibilitar la entrada en la urgencia subjetiva, o podemos decir hoy, fue un dispositivo más entre otros, que posibilitó para algunos subjetivar la urgencia.
Conclusión
La EOL Antena Bahía Blanca tiene una inserción en la ciudad que se entrama con una política en relación al psicoanálisis. Esta implica una formación que orienta la acción sobre los asuntos de la polis. Esta referencia, fue determinante a la hora de pensar la intervención en la catástrofe. La acción lacaniana no se dirige a la masa, sino al Otro social. Eric Laurent habla del analista ciudadano y subraya la importancia de “pasar del analista en reserva, crítico, a un analista que participa…”, un analista que despierta y se involucra en los asuntos de la ciudad. Podemos decir que en la multitud, en este caso la de afectados por la inundación, salimos a escuchar lo singular en cada caso.
Es importante destacar, que los asociados de la EOL Antena Bahía Blanca, fueron recibidos y acompañados en su intervención por efectores que pertenecen a la Secretaría de Salud y por colegas del Colegio de Psicólogos de dicha ciudad.
